El agua, un derecho fundamental para todos, es un recurso renovable pero limitado, frágil y vulnerable. Es un elemento esencial para el desarrollo de la vida. Naturalizamos la idea de que al abrir cualquier canilla de nuestra casa podemos usarla para lo que necesitemos. Naturalizamos la idea de tenerla al alcance de nuestras manos.
Pero se estima que el 97% de agua es salada, que no puede ser utilizada para el consumo humano. Entonces, solo el 3% del agua en el mundo es dulce y apta para el consumo humano, lo que resalta su escasez y la necesidad urgente de su conservación. Puede encontrarse en diferentes formas, como ríos, lagos, glaciares, acuíferos, cuencas, humedad de suelo y casquetes polares.
Algunos de los países que concentran mayor cantidad de estos recursos son Brasil con 8233 kilómetros cúbicos, Rusia con 4607 km3, Canadá con 3300 km3, Estados Unidos con 3609 y China con 2849 km3.
El Día Nacional del Agua fue establecido en el año 1963, tras haberse realizado en Córdoba el 1º Congreso Nacional del Agua de Argentina, con el fin de despertar conciencia sobre el uso racional y responsable de este recurso, aunque este día tuvo alcance nacional en el año 1972.
En Argentina, las presas, embalses y diques desempeñan múltiples funciones, desde proveer agua para consumo e industria hasta mitigar riesgos de crecidas y generar energía hidroeléctrica renovable y limpia.
La disminución de las reservas de agua a nivel mundial está experimentando una presión sin precedentes debido al aumento de la población, los cambios en el modo de vida y el avance de la industrialización. Esta situación genera una preocupación alarmante por el agotamiento de las capas freáticas, el deterioro de lagos y ríos, así como un aumento en la contaminación y la desertificación.